En el corazón del Museo Jumex, en la Ciudad de México, el artista Álvaro Urbano presenta Helen, una exposición que recupera el legado artístico y arquitectónico de Casa Cueva, una residencia emblemática del modernismo mexicano. La muestra toma como punto de partida los jardines de esta vivienda y el trabajo de Helen O’Gorman, artista que dedicó parte de su vida a documentar la riqueza de la flora mexicana.
Casa Cueva: una joya del modernismo mexicano
Ubicada en la región del Pedregal de San Ángel, en la Ciudad de México, Casa Cueva fue construida en 1954 por Juan O’Gorman y Helen O’Gorman. La residencia aprovechaba una cueva natural de lava volcánica y destacaba por su arquitectura integrada al entorno, así como por sus coloridos mosaicos.
La vivienda se convirtió en un ejemplo singular de la relación entre arquitectura, naturaleza y arte. Sin embargo, después de ser vendida en 1969, quedó prácticamente destruida, dejando tras de sí el recuerdo de una propuesta arquitectónica innovadora.

Décadas después, Álvaro Urbano recupera parte de ese legado a través de una propuesta artística que conecta la historia de Casa Cueva con el universo vegetal que inspiró a Helen O’Gorman.
Las plantas de Helen O’Gorman cobran vida en esculturas
La exposición Helen se inspira especialmente en el libro Árboles y plantas con flores mexicanas, publicado en 1961. Durante su estancia en Casa Cueva, Helen documentó e ilustró numerosas especies vegetales autóctonas, creando un valioso registro de la diversidad botánica de la región.
A partir de esas ilustraciones, Urbano desarrolló una serie de esculturas metálicas que reproducen con gran detalle las formas de distintas plantas.
Las piezas parecen flotar frente a una cortina translúcida, creando una atmósfera delicada y casi onírica. Su disposición invita a los visitantes a recorrer la instalación con calma y a observar la relación entre las esculturas, el espacio y la naturaleza.
Cada obra está basada en una especie representada en el libro de Helen. Además, la instalación incorpora piedras de diferentes tipos sobre un suelo de adoquines cuadrados, un recurso que refuerza el diálogo entre los elementos naturales y la arquitectura.
Con esta propuesta, Álvaro Urbano no solo reconoce la aportación artística de Helen O’Gorman, sino que también recupera el espíritu experimental de Casa Cueva. La exposición transforma las referencias botánicas y arquitectónicas en una experiencia contemporánea que invita a reflexionar sobre la memoria, la naturaleza y el legado cultural de México.