La llegada masiva de sargazo afecta a las playas, el turismo y los negocios del Caribe. Mientras Islas Caimán prepara un plan nacional, México y República Dominicana ya utilizan barreras de contención y exploran formas de transformar las algas en productos comerciales.
La acumulación de sargazo vuelve a generar preocupación en el Caribe. En las Islas Caimán, las costas del sur y el este han sufrido importantes arribazones de estas algas, que afectan el aspecto de las playas, generan malos olores y perjudican la actividad comercial.
Osbourne Bodden, propietario del Grape Tree Cafe en Bodden Town y exministro de Salud, describió la situación tras observar gruesas capas de sargazo frente a su establecimiento.
«Es insalubre. Es antiestético. Apesta», afirmó, al advertir que el problema perjudica tanto a los turistas como a los negocios y residentes locales.
Durante septiembre, la llegada de algas afectó distintas zonas costeras del archipiélago, aunque Seven Mile Beach, situada en el lado de sotavento, registró una situación diferente. Ante este escenario, Bodden difundió un video en Facebook para expresar la preocupación de los comerciantes y pedir medidas urgentes.
La discusión se intensificó después de que la ministra de Sostenibilidad, Katherine Ebanks-Wilks, informara ante el Parlamento que el gobierno trabajaba en un borrador de un plan nacional para responder a las arribazones de sargazo.
Sin embargo, algunos empresarios consideran que las autoridades llevan demasiado tiempo hablando de soluciones sin concretar una estrategia integral.
El sargazo se convierte en un desafío regional
El problema no se limita a las Islas Caimán. Durante los últimos años, distintas zonas del Caribe y del Atlántico occidental han enfrentado grandes acumulaciones de sargazo, con consecuencias para el turismo, la pesca, los ecosistemas costeros y las comunidades.
México, particularmente el estado de Quintana Roo, declaró una emergencia por el impacto del sargazo en 2018. Desde entonces, se han desplegado embarcaciones para recolectar las algas y se han instalado barreras flotantes para reducir su llegada a las playas.
Al mismo tiempo, científicos y emprendedores exploran alternativas para convertir esta biomasa en fertilizantes, biocombustibles y materiales de construcción.
No obstante, los especialistas advierten que la mayoría de estas iniciativas todavía se encuentra en una fase experimental. Para desarrollar una industria capaz de procesar grandes cantidades de sargazo se necesitan más investigación, inversión y sistemas de recolección eficientes.
Satélites para anticipar la llegada del sargazo
El monitoreo del sargazo es una herramienta importante para reducir sus efectos. Brian Barnes, profesor asistente de investigación en la Facultad de Ciencias Marinas de la Universidad del Sur de Florida, estudia la distribución y el crecimiento del llamado Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico mediante imágenes satelitales.
Esta tecnología permite elaborar mapas de la presencia de algas en el océano. Cuando se combina con información sobre vientos y corrientes marinas, también ayuda a pronosticar cuándo y dónde podrían llegar a las costas.
Ya existe un sistema de alerta para los Cayos de Florida, mientras que se trabaja en herramientas similares para Puerto Rico y las Islas Vírgenes de Estados Unidos.
Según Barnes, 2025 fue el año con mayor cantidad de sargazo registrada hasta ese momento. Aunque la biomasa total de 2026 ha sido ligeramente menor, su impacto costero puede ser más intenso en determinadas zonas debido a la cantidad que llega a tierra.
El investigador también señaló que, durante los periodos de mayor concentración, el volumen de sargazo en el Atlántico ha llegado a ser aproximadamente 40 veces superior al de hace una década.
Por su parte, Annalisa Bracco, oceanógrafa y profesora del Instituto Tecnológico de Georgia, encabezó un estudio publicado en 2026 sobre los factores que impulsan los cambios en el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico.
De acuerdo con las conclusiones descritas en el artículo original, la proliferación ya no dependería exclusivamente de los nutrientes procedentes de la escorrentía agrícola. El sistema habría adquirido una dinámica capaz de sostener su crecimiento, lo que plantea nuevos desafíos para el control del fenómeno.
República Dominicana apuesta por las barreras marinas
En República Dominicana, el sector turístico ha desarrollado estrategias para interceptar el sargazo antes de que alcance las playas.
Jake Kheel, vicepresidente de sostenibilidad de la Fundación Grupo Puntacana, explicó que desde 2015 quedó clara la necesidad de adoptar medidas a largo plazo.
Una de las principales herramientas son las barreras flotantes instaladas mar adentro, diseñadas para retener las algas y facilitar su recolección antes de que lleguen a la costa.
Grupo Puntacana incluso dispone de una planta para ensamblar e instalar estas barreras. En las zonas donde el sargazo llega de forma recurrente, la infraestructura puede permanecer en el agua durante todo el año.
La experiencia dominicana muestra que el problema requiere planificación permanente y coordinación entre empresas y autoridades, en lugar de depender únicamente de limpiezas ocasionales.
Islas Caimán estudia instalar barreras y embarcaciones
En Islas Caimán también se han planteado soluciones similares. Michael Tibbetts, propietario de Little Cayman Beach Resort y Cayman Brac Beach Resort, además de un complejo turístico en las Islas Turcas y Caicos, ha impulsado propuestas para proteger las costas del sargazo.
Hace tres años, llevó a un ingeniero danés a Little Cayman para evaluar la viabilidad de instalar barreras en South Hole Sound. Sin embargo, concluyó que un solo complejo turístico no podía resolver el problema por su cuenta.
«Si pones una barrera alrededor de tu propiedad, afectará a tus vecinos y empeorará las cosas para ellos», advirtió Tibbetts, quien considera que el gobierno debe coordinar una respuesta para toda la comunidad.
En 2023 presentó propuestas a las autoridades que contribuyeron a la elaboración de un documento de política pública. Entre las medidas planteadas figuran las barreras marinas y las embarcaciones para interceptar las algas antes de que atraviesen el arrecife.
Aun así, los especialistas advierten que las barreras no representan una solución definitiva. Su eficacia depende de las condiciones del mar, el mantenimiento y la capacidad de recolectar y procesar las algas retenidas.
Del sargazo a los biocombustibles y materiales de construcción
Además de controlar su llegada a las playas, una de las grandes apuestas es convertir el sargazo en materia prima para productos comerciales.
En Barbados, una empresa combina sargazo lavado con residuos de la producción de ron para alimentar larvas de mosca soldado negra. Estas larvas acumulan grasas que pueden procesarse para obtener biocombustibles.
En Santa Lucía, empresas de biotecnología trabajan con aplicaciones agrícolas, mientras que en la península de Yucatán se han desarrollado ladrillos elaborados con sargazo seco para la construcción de viviendas.
Sin embargo, la producción continúa siendo limitada y no permite absorber una proporción significativa de las algas que llegan a las costas.
La bióloga Rosa Rodríguez, de la Universidad Nacional Autónoma de México, con sede en Puerto Morelos, sostiene que buena parte del sargazo que arriba a las playas no se recoge o termina en vertederos.
Para los investigadores, el reto consiste en desarrollar procesos que sean rentables y ambientalmente seguros, especialmente porque el sargazo puede acumular sustancias como el arsénico.
México explora una industria comercial del sargazo
Una de las empresas que trabaja en este campo es Carbonwave, que opera una biorrefinería en Puerto Morelos, en la costa caribeña de México. Su director ejecutivo y cofundador, Geoff Chapin, considera que aprovechar comercialmente el sargazo es fundamental para generar incentivos económicos que permitan recogerlo de manera constante.
La empresa ha investigado alrededor de 50 posibles aplicaciones, aunque solo unas pocas han demostrado ser viables desde el punto de vista tecnológico y económico.
Entre sus productos destaca Sarga Power, un extracto líquido concentrado comercializado como biofertilizante para agricultores de México y Estados Unidos. Según Chapin, las pruebas realizadas han mostrado incrementos de hasta un 20 % en el rendimiento de ciertos cultivos.
El procesamiento también genera una pulpa sólida que necesita otros usos. Para aprovecharla, Carbonwave ha desarrollado prototipos de materiales para senderos, ingredientes para cosméticos y alternativas al cuero.
La empresa estudia instalar unidades de procesamiento en distintas islas del Caribe. Estas instalaciones podrían realizar una primera etapa de tratamiento del sargazo recolectado localmente y enviar el extracto líquido a una planta central para su refinamiento, mientras que la pulpa se utilizaría en productos fabricados en cada territorio.
Carbonwave también busca ampliar su tecnología a otros mercados, incluida República Dominicana, con apoyo financiero destinado a impulsar su expansión.
El modelo podría ofrecer oportunidades para las Islas Caimán, aunque todavía requiere inversión, infraestructura y acuerdos comerciales que garanticen un suministro estable de materia prima.
¿Qué sigue para las Islas Caimán?
El gobierno de las Islas Caimán asegura que trabaja para avanzar hacia una respuesta más organizada. El 5 de octubre, la ministra de Sostenibilidad, Katherine Ebanks-Wilks, informó ante el Parlamento que su ministerio preparaba un borrador del Plan Nacional de Respuesta al Sargazo, con mayor énfasis en la prevención.
Entre las medidas estudiadas figuran la instalación de barreras flotantes y la posible adquisición de una embarcación para recolectar las algas. La ministra indicó que se iniciaría un proceso de contratación y adquisición, y se comprometió a ofrecer un calendario más concreto durante la sesión parlamentaria de noviembre.
La propuesta responde a las demandas de comerciantes y residentes de zonas como East End, Breakers, Bodden Town y South Sound, quienes denuncian que las arribazones recurrentes afectan sus actividades y su calidad de vida.
Para Bodden, la región ya dispone de experiencias y tecnologías que podrían servir de referencia. Su principal reclamo es que las autoridades pasen de la planificación a la ejecución.
El desafío no consiste únicamente en retirar las algas de las playas. También implica anticipar su llegada, coordinar la recolección, reducir los impactos ambientales y encontrar usos comerciales que ayuden a financiar una respuesta permanente.
Mientras México y República Dominicana continúan desarrollando sus estrategias, las Islas Caimán buscan definir cómo proteger sus costas. La evolución del problema demuestra que no existe una solución única: será necesario combinar monitoreo científico, infraestructura, cooperación regional e innovación para reducir el impacto del sargazo en el Caribe.