Un estudio iconográfico de la estructura ha revelado representaciones de la deidad maya K’awiil, imágenes celestiales y el glifo Pop; símbolos que, según los investigadores, indican que el edificio estaba ocupado por miembros de la nobleza o de la élite gobernante.
La residencia, que data del período Clásico Tardío a Terminal, entre aproximadamente el año 600 y el 900 d.C., se conservó in situ cerca de la moderna ciudad y estación de ferrocarril de Xpujil, en el sureste de México.
Se investigó como parte de los trabajos de rescate arqueológico asociados al proyecto del ferrocarril Tren Maya.
Desde entonces, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México ha llevado a cabo trabajos de consolidación y restauración en el edificio, algunas de cuyas partes se conservan en un estado notablemente bueno.
Entre sus elementos que aún se conservan se encuentran muros en pie y una fachada norte finamente acabada, construida con pequeños bloques de piedra.
Pero es la elaborada decoración arquitectónica del edificio la que ha proporcionado algunas de las pruebas más contundentes sobre el estatus de sus antiguos ocupantes.
Según los investigadores, las tallas de piedra caliza no eran meramente ornamentales. Por el contrario, sus imágenes comunicaban conceptos de autoridad dinástica, eternidad y poder cíclico, publicitando así la elevada posición social de sus habitantes.
“Las máscaras K’awiil y el glifo Pop no eran meras decoraciones: expresaban la autoridad de quienes habitaban esta residencia maya”, declaró la secretaria de Cultura de México, Claudia Curiel de Icaza.
“El estudio de sus símbolos nos permite leer una parte de la historia de Xpujil que permaneció dentro de sus muros.”
Rostros de un dios maya
Según el arqueólogo Aldo Germán Dena Castro, la residencia fue construida cuando importantes centros mayas como Xpujil, Becán y Chicanná estaban en pleno apogeo.
Su arquitectura combina características asociadas con las tradiciones Río Bec y Chenes de las tierras bajas mayas centrales.
La fachada principal del edificio da al sur y cuenta con dos entradas que dan acceso a alas separadas. Ambas estaban ricamente decoradas, aunque sus diseños difieren.
La entrada occidental incorpora una representación estilizada de un antiguo templo maya, mientras que la entrada oriental adopta la forma de un portal zoomórfico parcial, o con forma de animal.
Lo más llamativo es que la sección oriental de la fachada contiene tres máscaras dispuestas verticalmente en una composición en cascada. Representan a K’awiil, una importante deidad maya estrechamente asociada con la autoridad real.
La presencia de tres imágenes del dios sugiere que K’awiil pudo haber servido como deidad tutelar o protectora para la comunidad responsable de la construcción de la residencia.
Los rasgos individuales ayudaron a los arqueólogos a identificar las figuras.
Entre estos elementos se incluye un adorno cuadrado para la oreja con esquinas redondeadas y detalles incisos que se interpretan como motivos vegetales. Un rasgo en forma de coma en el rostro podría representar llamas, mientras que dos proyecciones alargadas se han interpretado como componentes de un adorno nasal de hueso.
Cada uno de los rostros de K’awiil está coronado además por una banda celestial que contiene glifos.
Los investigadores creen que las imágenes sitúan a la deidad en un plano cosmológico superior y conectan el edificio con Venus y los ciclos astronómicos, así como con conceptos de guerra, muerte y renacimiento que eran importantes dentro de la ideología de las élites mayas.
La arquitectura como declaración de poder
Otra prueba del elevado estatus del edificio la proporciona una cornisa saliente decorada con un diseño de estera tejida, o petate, representado por el glifo Pop.
La estera era un poderoso símbolo político en la cultura maya, asociado con la autoridad dinástica y los tronos reales.
Según Dena Castro, su presencia “confirma que estuvo ocupada por la nobleza o la élite gobernante”.
En conjunto, las tallas indican que la residencia era algo más que el simple hogar de una familia adinerada.
Los investigadores creen que su arquitectura fue diseñada deliberadamente para comunicar autoridad política y religiosa. El edificio habría permitido a sus habitantes exhibir su estatus, presentándose a sí mismos como intermediarios entre el mundo humano y el sobrenatural.
Este descubrimiento también aporta más pruebas de la complejidad política y social de las comunidades mayas en las tierras bajas centrales durante los últimos siglos del período Clásico.
En lugar de separar la vida doméstica de las expresiones de poder político y religioso, la residencia parece haber incorporado las tres dentro de un mismo entorno arquitectónico.
Los investigadores planean ahora comparar sus características con las de otros edificios de la región del Río Bec.
La siguiente fase de la investigación examinará cómo estas tradiciones arquitectónicas e iconográficas se difundieron y evolucionaron a lo largo del tiempo. Los arqueólogos también estudiarán la organización espacial de los denominados grupos arquitectónicos triádicos para determinar si existían en otras partes de la región edificios con funciones y simbolismos comparables.